La sangre de mis víctimas entre mis manos, sus sueños destrozados a mis pies.
Ángeles caídos, fieles seguidores de una ilusión que yo misma destruí.
¿Y qué gané?
Aún no lo sé, pero se bien de quienes un día me dieron la espalda y 365 días después comían de mi mano, acataban mis órdenes y se cumplían mis más absurdos y horribles deseos.
Masacre, quería cadáveres, quería ver fotos, libros, recuerdos, todos quemados.
Quería venganza.