Me comí una masacre.

miércoles, 9 de enero de 2013

Y mírala, ahí está.

La perdí en un anochecer, aunque me cautivó una mañana.
Sonreía mientras yo sabía que en su interior estaba muy triste. Siempre tan solitaria, siempre tan distraída.
La abrazaba y sentía la ilusión, era tan bella.
Perseguía un sueño hasta que la encontré a ella,
me seducía, pero yo le resultaba tan indiferente.
No estaba hecha para querer a nadie. Esclavo de su reino, un reino de cristal.
Ella pondría a sus pies a el propio Diablo por conseguir su objetivo.
Hechizó cada parte de mi alma y de mi ser, ella era el placer, mi placer.
Mi musa de decepción, su amor fue tan efímero.
Y ahora la recuerdo con ese maltrecho corazón, frío y cruel.
Y mírala, ahí esta...