Había ido a caer allí dónde el dolor nunca termina,
sintiéndome culpable a cada instante
por mis actos y mis desmayos trágicamente oportunos aquella noche.
Fácil sería adivinar el estado de frustración en el que me encuentro escribiendo esta carta. Sería fácil haber contado las veces que me repetí que no la escribiría, hubiese sido fácil hasta la novena vez.
A partir de ahí perdí la cuenta y la noción del tiempo, me perdí a mi misma en baúles de sombras y antiguas anotaciones mal escritas.
No puedo permitirme pensar tanto en un hombre. No puedo permitirme... a saber dónde demonios estará mi juicio ahora, da igual lo que me pueda o no permitir a estas alturas.
Es la inquietud de su postura la que me trastorna la cabeza.
Creyendo haber encontrado a un sujeto admirable al que amar, lo único que lamento es que sea tan competente e imposible a mi parecer.
A veces pienso que solo sé gruñir y lamentarme...
Pero cada vez que lo veo me doy cuenta de la situación en la que me encuentro. Dejándome caer a la vista de un torpe sentimiento.
A veces no caben en mi las ganas de gritarle '¿Y qué pasa si te necesito? ¿Qué es lo que pasa si te quiero? Dime que es lo que ocurre' pero el miedo a una respuesta errónea a la que espero se apodera de mí y me deja callada y correcta, quieta, sin rechistar.
Y cuándo me contesta con naturalidad y de una forma encantadora, un estallido de juicio se hace conmigo y le digo 'Tu lo crees, pero yo lo sé. Tu sabes, pero yo te necesito'
Y le puedo dar el mundo si es lo que quiere.
Puedo hacer de mis errores un cajón maldito que no se volverá a tocar.
Puedo, puedo, puedo... esta vez no, ¡mierda, me contradigo otra vez!
Pero es tan cierto que no puedo evitar enfurecerme cuándo lo admito a ratos.
Esta vez no puedo hacer nada. Esta vez dejé que cayese la suerte por dónde quisiera, esta vez lo dejé todo a un lado, no pienso en nada, mi mente en blanco. Y como me dijo aquél diamante oxidado de un verano tan frío, la suerte está echada.
Me comí una masacre.
lunes, 15 de abril de 2013
domingo, 7 de abril de 2013
Un sentimiento envejecido y alterado.
Habló éste después de tanto tiempo, mientras me decía con voz pausada y tono un tanto meloso:
-Aquí me ves, triste y abandonado. Postrado en una cama llena de pesadillas que un día fueron sueños sin cumplir.
Estaba acabado y decaído. Parecía mentira que aquello hubiese sido parte de mi en otro tiempo. De repente rompí en maldiciones con mi apagada voz y mi rabia furiosa y sedienta de sangre no tan inocente.
Una debería de entender la lección, la historia es vieja. Aprender a diferenciar entre un cliché y el amor, o aprender a hacer del amor un cliché para que me hiciese menos daño.
Luego el dolor se refleja en tu rostro y acabas así, muriéndote por alguien a quién le importas una mierda.
-Aquí me ves, triste y abandonado. Postrado en una cama llena de pesadillas que un día fueron sueños sin cumplir.
Estaba acabado y decaído. Parecía mentira que aquello hubiese sido parte de mi en otro tiempo. De repente rompí en maldiciones con mi apagada voz y mi rabia furiosa y sedienta de sangre no tan inocente.
Una debería de entender la lección, la historia es vieja. Aprender a diferenciar entre un cliché y el amor, o aprender a hacer del amor un cliché para que me hiciese menos daño.
Luego el dolor se refleja en tu rostro y acabas así, muriéndote por alguien a quién le importas una mierda.
miércoles, 3 de abril de 2013
Buenas noches, adiós.
Lo único que gritaba mi interior era 'vacío, soledad, locura, grita' en aquél momento.
Hubiese sido perfecto saber decir 'Regalame esta noche, esta y alguna otra más'
Pero no pude decirlo.
-Buenas noches, adiós.- fue lo último que escuché.
Y tan lejos, me sentía tan lejana. Como si ya no fuese a volver nunca más.
'Di adiós, di Buenas noches, adiós, porque estamos lejos' esa frase sonaba todo el tiempo en mi cabeza.
A punto de paro cardíaco. Al borde de un abismo infernal me encontraba.
No sabía que hacer o que decir. Sólo pretendía disimular, actuar, mentir, tal y como había hecho siempre.
Pero no, esta vez no podía. Algo me frenaba a hacerlo.
'Sinceridad, confianza, empatía' eran palabras ajenas a lo que pretendía ser después de tanto tiempo.
Aún sigo buscando la respuesta a la pregunta de por qué lo hice.
Tal vez porque sus dedos resbalaron desde mi pecho hasta las costillas suavemente, con las manos frías como la nieve.
Me anidé en aquellos dedos, en esas manos.
Un corazón roto anidado en una sucia idea equívoca.
Una mente que me grita que debería de tener mas juicio, una mente que sabe que mi mayor miedo es llorar océanos de lágrimas, una mente despreciada a la que no hago caso.
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