Y, de forma muy común solemos sonreír por inercia. Enfadarnos por obligación, conversar sin querer hacerlo. Nos reímos por no quedar mal delante de quién parece que nos quiere hacer reír. Saludamos a personas que mataríamos si pudiéramos.
Es la pauta de cuando quieres cambiar.
Es hacerse un corte de pelo, salir un sábado y planear en domingo la nueva vida que empezaremos el lunes.
Pero vuelve a ser lo mismo. Sabemos qué y quienes son los tóxicos pero, estamos tan acostumbrados y tan cómodos que existe un miedo universal sin sentido alguno a sentirse bien de verdad. Tal vez nos asusta el tiempo o prescindir de aquellos que nos acompañan.
O simplemente tenemos miedo de lo que somos capaces y no de hacer.



