La perdí en un anochecer, aunque me cautivó una mañana.
Sonreía mientras yo sabía que en su interior estaba muy triste. Siempre tan solitaria, siempre tan distraída.
La abrazaba y sentía la ilusión, era tan bella.
Perseguía un sueño hasta que la encontré a ella,
me seducía, pero yo le resultaba tan indiferente.
No estaba hecha para querer a nadie. Esclavo de su reino, un reino de cristal.
Ella pondría a sus pies a el propio Diablo por conseguir su objetivo.
Hechizó cada parte de mi alma y de mi ser, ella era el placer, mi placer.
Mi musa de decepción, su amor fue tan efímero.
Y ahora la recuerdo con ese maltrecho corazón, frío y cruel.
Y mírala, ahí esta...
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