Un diálogo consigo mismo en actividad paranoica y un cansancio mental que le atormentaba. Un sádico en su habitación de moqueta raída que se despertaba de una lúcida pesadilla. En aquél instante, lo único que deseaba era la invasión de una repentina pérdida de memoria.
Pero dicen que uno no muere si está soñando, y eso era lo único que podía animarlo en aquél instante. Aunque el impacto de lo que soñó le hubiese despertado, en semblante esquizofrénico y rápido, creyó que eso sería el principio de una trágica y nueva obsesión por el tiempo.
'Oh, amarga edad, tiempo que se desliza entre mis dedos...' dijo mientras miraba con monstruosidad a la ventana como el que mira un espejo opaco.
Como una ráfaga de inspiración llegaron a el un millón de números, como una idea de suicidio por el impacto de una actividad paranormal vivida hacía años.
Intentó rebuscar en su memoria y viajar al pasado, mientras se encontraba aturdido y asustado al psicoanalizarse el mismo y creer que tenía indicios de algún trastorno de personalidad por sus últimos cambios de humor constantes y su ira, su negación sobre la situación que estaba viviendo desde hacía un mes.
La temperatura de su cuerpo bajó considerablemente, algo que pudo atribuir a su saturación mental de pensamientos dementes e ideas desquiciadas, algo típico en los pacientes que estaba acostumbrado a tratar.
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