Me comí una masacre.

martes, 21 de mayo de 2013

Goodbye.


Lo siento, pequeña. Siempre te fui fiel.
Cuándo llorabas, cuándo estabas triste, cuándo te sentías insegura, cuándo hasta tu reflejo te abandonaba en la soledad de la noche recordando los amaneceres de un invierno atrozmente frío. Estuve ahí tanto tiempo, que ya me cansé de sujetarte la vela. De darte vida. De ser la cabeza de un piojo tan despiadado como tú.
Corrosiva, de alma sucia y pecadora, fría y cruel. Despiadada, desastrosa, caótica, veneno. Eso es lo que mas te gustaba escuchar. Que eras todo eso. Te gustaba cometer errores y caminar sola. Te gustaba lamentarte y sentirte oscura y podrida. Te gustaba que yo lo sintiera en mis huesos, que aquél frío que me producía aquella cósmica soledad me recordase a ti. Me recordase que yo pertenecía a ti.
Pero ya no habrá mas noches así, no te regalaré mas días ni mas horas de mi vida.
Fue bonito mientras duró. Y te agradezco que aparecieses cuándo a veces, mas te necesitaba. Cuándo no podía cargar con todo, cuándo no había nada que me empujase a seguir. Cuándo quise morir, cuándo creía que era una hermosa muerta viviente. Admito que me enamoraste con tu carácter desenfadado y confuso, tus miradas perdidas y tu falta de confianza que te daba ese toque personal único e indescriptible. Pero como a ti te gustaba decirme, todo tiene un final y nada es para siempre, nadie tiene por qué atarse a nadie, nadie necesita de nadie para ser feliz. Nacemos solos y morimos solos, ¿no es así, pequeña salvaje? Pues yo ya no te necesito.

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