Y cuándo abrió los ojos, después de tanta tormenta, vio que estaba sola.
Había sido amada tantas veces, durante tanto tiempo, durante tantos días.
Aún así no sabía bien dónde situarse, en qué posición permanecer, aún no entendía lo que ella era para el mundo, aún habiendo sido el mundo para tantas personas, cientos de veces.
Sintiéndose un objeto, caminó pausada hasta la puerta, dónde no la esperaba nadie.
Miraba el reloj, esta vez, no se sentía limitada ni esclavizada por una hora exacta. Siempre se había sentido tan encerrada en el tiempo, que encontraba extraño no estarlo esta vez.
Una noche más en la que pelear, en la que ganar alguna otra absurda batalla contra ella misma.
Una audiencia de muerte que la convocaba cada día, amenazándola diciendo que de ella, sabía todos sus secretos. Sus puntos flacos, sus blancos perfectos. Que sabía dónde atacar para verla arrodillada.
Pero de repente, un día, aquella chica desapareció de mi vida. Ya no estaba, se esfumó. Una parte de ella quedó conmigo, claro. Pero no sé bien que parte exactamente. Tal vez no creamos esa sinfonía armónica perfecta, ese equilibrio entre las dos.
Recuerdo la primera vez que la vi. Estaba mirándose al espejo, siempre tan presumida y narcisista, siempre mirándose en el espejo. No entendía muy bien que hacía exactamente ahí, pero sabía que me estaba esperando. Aún se me pone la carne de gallina cuándo recuerdo su mirada vacía y perdida entre la multitud, observándome con detenimiento. Recuerdo aquél día con total claridad, el mundo se detuvo en aquél momento. Y poniendo sus ojos grisáceos en mi, en el fondo sabía que no éramos el uno para el otro. Aún así me dio igual, me abalancé sobre ella como las olas lo hacen a la roca fría y muerta.
Aunque, cada vez que lo recuerdo, la única idea que me invade es una vocecita que me contesta diciendo 'todo saldrá bien, aunque ella se haya ido'.
Era revolución, una desastrosa revolución. Desesperada, enfurecida, inconformista, dueña de si misma. Desordenada, poco común, incluso insensata a veces. Pero era mía, al menos lo fue.
Y aunque suene como la cosa mas extraña que oiréis, en el frío de su presencia siempre me pude sentir cálida y segura. Aún siendo tan diferentes, y a la vez tan iguales.
Yo siempre divagando entre el amor y el arte, mientras ella estaba demasiado ocupada realizando las actividades propias de alguien que aniquila por completo las luces de la humanidad, la libertad de las personas.
A veces pienso que vivíamos en el mismo universo, pero en mundos totalmente diferentes. Ojalá tuviésemos ahora al menos una cosa en común, algo pequeño, como un secreto, si ella lo quisiese.
Hoy he vuelto a entrar en el juego estúpido de recordarla. He pensado un millón de veces en volver a sentarme en aquél trozo de césped a esperarla. De volver a cantar canciones hasta el anochecer sin mirar el reloj, sólo por ella.
Hace tanto tiempo que no está.. que ya parece que nunca ha estado.
Se limitó a marcharse de mi, sin decir nada, sólo se fue.
Fue mi primer gran y único amor.
Hoy la echo de menos, después de tanto tiempo habiendo estado anclada en mi memoria. Supongo que encontró a alguien que le da lo que yo no pude darle. Que es para ella lo que yo creí ser una vez.
No voy a mentir diciendo que estoy mejor sin ella. Cuándo sabe que desde que se fue, sólo estoy.
Es una buena manera de pasar la noche, recordándola. Un bucle estúpido, pero no por ello se podría considerar algo malo, o una pérdida de tiempo. Aunque a fin de cuentas lo sea.
¿Y qué pasa si la necesito?
Si necesito saber lo que pudimos haber sido. Si ella era mi río de salvación.
Si ella era lo que el amor significaba para mi.
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